Estoy vacunado por elección y no por obligación.

Y no, no sé qué hay dentro, ni en esta vacuna, ni en las recibidas de niño, ni en la BigMac o en los perritos calientes, ni en otras cosas que como o bebo si pararme a pensar, ni en otros fármacos o tratamientos sin los que no sobreviviríamos.

Tampoco sé qué hay en el ibuprofeno, en el paracetamol o en otras medicinas, solo sé que curan o suavizan mis dolencias.

NI siquiera sé que hay en los muchos productos “naturales” que tomo.

No sé cuáles son los ingredientes de mi jabón o champú, ni en los desodorantes.

Desconozco el efecto a largo plazo del uso del teléfono móvil o si ese restaurante en el que acabo de comer usaba alimentos limpios o si en la cocina se lavaban las manos.

En resumen, hay muchas cosas que no sé y nunca conoceré.

He viajado bastante y me han puesto vacunas de todo tipo, y sigo vivo y sano.

Me han pasado varias cosas relacionadas con la salud y, confiando en los servicios médicos, sigo aquí, en plena forma.

Hay enfermedades que han desaparecido del mundo gracias a las vacunas.

Confío en mi médico cuando dice que es necesario.


Estoy vacunado, no para complacer al Gobierno, sino por esto:

* para no morir de Covid-19
* para no ocupar una cama de hospital o una UCI si enfermo
* para abrazar a mis seres queridos
* para no tener que hacerme tests para salir, ir al restaurante, ir de vacaciones…
* para vivir mi vida
* para que el Covid-19 sea, cuanto antes, un viejo recuerdo
* para proteger a los demás

Me vacuné para mí y para mis seres queridos……. y también para aquellos que, gracias a mi vacunación, se pueden permitir protestar contra ella o no ponérsela.

Me vacuné, igual que pago los impuestos, igual que respeto a mis mayores, igual que sigo pagando los recibos de luz… igual.

Es una cuestión de principios, de solidaridad, de ser persona.

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